Hay un momento en el camino del Taekwondo en el que muchos alumnos se hacen la misma pregunta, aunque no siempre la dicen en voz alta:
“¿Por qué entreno tanto y siento que no mejoro?”
Ese momento es decisivo. Para algunos marca un salto de madurez. Para otros, el principio del abandono.
Y casi siempre tiene la misma raíz: creer que el aprendizaje debería ser lineal, cuando nunca lo es.
La idea equivocada con la que muchos empiezan
Cuando alguien comienza Taekwondo, el progreso suele ser rápido y visible:
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Aprendes técnicas nuevas cada semana
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El cuerpo responde con facilidad
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Todo resulta estimulante
Esta fase inicial crea una expectativa silenciosa:
“Si entreno, siempre avanzaré”
El problema no es esa ilusión. El problema es no saber qué hacer cuando deja de cumplirse.
El día en que el progreso deja de verse
Tarde o temprano llega una etapa distinta:
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Las patadas no salen limpias
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Los pumses se estancan
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En combate te leen antes
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Repites errores que creías superados
Desde fuera puede parecer normal. Por dentro, para el alumno, suele vivirse como frustración.
No porque no esté aprendiendo,
sino porque ya no reconoce el progreso como antes.
Cómo se aprende realmente Taekwondo
El aprendizaje en Taekwondo no es una línea recta. Se parece más a un camino con:
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Mesetas largas
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Dudas
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Sensación de retroceso
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Y, de repente, un salto claro
Ese salto no aparece por casualidad.
Es la consecuencia de muchas sesiones en las que aparentemente no pasó nada, pero en las que el cuerpo y la mente estaban reorganizando información.
En Taekwondo, muchas veces se mejora por dentro antes de notarse por fuera.
La frustración no es el enemigo
La frustración suele entenderse como algo negativo, algo que hay que evitar.
Pero en Taekwondo, la frustración suele aparecer cuando:
Sabes lo que deberías hacer
Pero todavía no puedes hacerlo
Eso no es un fallo.
Es la señal de que tu comprensión va por delante de tu ejecución.
La frustración marca la distancia entre:
Lo que entiendes
Y lo que tu cuerpo aún no domina
Por qué los alumnos más exigentes lo pasan peor
Los alumnos más exigentes suelen:
Detectar antes los errores
Tener estándares altos
No conformarse con hacerlo “más o menos”
Esto es una virtud… y también un riesgo.
Cuando el progreso se vuelve irregular, no lo interpretan como parte del proceso, sino como un problema personal:
“Si no avanzo, algo falla en mí”
Ahí la frustración deja de ayudar y empieza a bloquear.
El verdadero motivo por el que muchos abandonan
La mayoría de personas no deja el Taekwondo porque falle.
Lo deja cuando:
Se frustra
No entiende por qué se siente así
Y no sabe cómo convivir con esa emoción
Abandonar no suele ser falta de compromiso.
Suele ser una forma de dejar de sentirse mal consigo mismo.
Dos formas muy distintas de frustrarse
Frustración que construye
“Esto es difícil, luego es importante”
“Aún no me sale, pero voy por el camino”
Esta frustración genera paciencia, constancia y profundidad.
Frustración que destruye
“No debería fallar a este nivel”
“Siempre me pasa lo mismo”
Esta frustración genera rigidez, bloqueo y abandono.
La diferencia no está en la técnica.
Está en cómo interpretamos el proceso.
Aprender Taekwondo es aprender a quedarse
El verdadero aprendizaje empieza cuando:
La motivación baja
El progreso no se nota
Y aun así sigues entrenando
Ahí se entrenan cosas que no se ven en un examen ni en una competición:
Paciencia
Autocontrol
Confianza real
No la confianza de ganar,sino la confianza de seguir cuando no se gana.
Para alumnos y maestros
Entender que el aprendizaje no es lineal cambia todo:
Reduce abandonos
Da sentido a las mesetas
Protege a los alumnos más exigentes
Normalizar la frustración no baja el nivel. Lo eleva.
Conclusión
El Taekwondo no se aprende en línea recta. Se aprende aceptando que habrá fases incómodas, silenciosas y frustrantes.
Quien entiende esto no entrena menos. Entrena mejor.
Y, sobre todo,
no abandona cuando el progreso deja de verse, porque sabe que ahí es donde realmente se está construyendo.







